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TRIBULACIONES DE AFICIONADO EN VÍSPERAS DEL PARTIDO

Escrito por Andrés Lozano. Publicado en Artículos de opinión

 

Asistimos hoy a la víspera de uno de los partidos más emocionantes que hemos vivido en nuestro país; y del que somos espectadores y protagonistas. Como puedes adivinar no me refiero a un partido de fútbol, aunque sea una de mis aficiones.

Y me inquieta a la crónica del postpartido de las elecciones del 20D.

Creo que en la inminente jornada electoral –no así en  la futbolística- , podemos   descartar la goleada.   La verdad que la goleada produce un cabreo repentino, una  quemazón por el castigo humillante al que te somete el adversario, pero ahí acaba la cosa. Cuando existe esa superioridad incuestionable no vale la pena  reconcomerte con hipotéticos “qué hubiera podido pasar si…”

 

 Incomprensiblemente,  me produce más desazón  la derrota por la mínima de los nuestros.  Ese escenario, aunque te consuele la esperanza de que  la victoria resultará asequible en futuras contiendas, te castiga  con los huy, con los que poco faltó, con los teníamos que haber hecho y no se hizo, y hasta te hace vomitar los peores  improperios  para la labor arbitral.

 Y la verdad que, según las encuestas andorranas de hoy  -¡qué gracias prohibir la publicación de encuestas en la época de la globalización!-  habrá empate o victoria  por la mínima entre los de la  derecha  (mal llamada popular y ciudadana)  y la izquierda (que incluye a quienes  no se quieren apellidar así y a quienes les sobra un poco el apellido).

Si la china le toca a mi equipo, y ojalá me ponga el parche sin grano. Me imagino qué ocurrencias se me pasarán por la cabeza. Conociendo como conozco  mi gran amor a los colores, que convive en  permanente conflicto con   mi heterodoxo amor a la sociología crítica. 

Los huy  y los qué poco faltó se  reunirán con las cifras y lugares  donde por el canto de un euro no se consiguió el escaño. Me acordaré de mí amigo Alejandro, y de tantos otros miles de jóvenes españoles en el extranjero a los que se les ha dificultado sobremanera  que voten, que decidan el futuro de nuestro país, de su país. Cuando hablar de futuro es hablar de juventud.

 Entre lo que se pudo hacer y no se hizo, me voy a acordar de Andalucía, y de los dirigentes de los partidos de izquierda. En nuestra comunidad se dirimen 61 escaños de congresistas, y resulta decepcionante que no se alcanzara en aquí lo que sí se logró en Galicia, en  Cataluña y, en menor medida, en Valencia.  Porque la suma de lo que podrían haber obtenido en nuestra tierra Podemos e Izquierda Unida juntos es una operación matemática a la que no podremos sustraernos muchos de nosotros.   A lo mejor aquí ha faltado la Anova, o las Iniciativas que en otras comunidades obraron el milagro de juntar a antiguos camaradas, aunque unos y otros  vayan de nuevos, que no de nuevas.

En fin, me puedo acordar del puto árbitro, y lo digo sin prevención alguna,  porque en este caso no se trata de una  persona, sino de una ley electoral que es capaz de producir aberraciones democráticas como que un partido tenga más votos que otro y menos escaños.

Y aunque todo lo anterior sea verdad, independientemente del resultado, lo que de verdad quiero celebrar la noche del domingo es que  ganó nuestro equipo, a pesar de sus errores, que los ha tenido. Pero estos se recuerdan menos cuando los puntos  quedan en el casillero.  

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